Fisioterapia y Osteopatía Pediátrica

Virginia Hidalgo

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Revisión tras el nacimiento.

Es especialmente importante que, tras un parto con intervención, (epidural, oxitocina sintética, instrumental o cesárea), revisemos las posibles consecuencias que han podido acontecer en el/la bebé.

La osteopatía pediátrica nos da múltiples herramientas para valorar cráneo y suturas; columna vertebral; sistema digestivo; pelvis, caderas y miembros inferiores, para poder saber cuanto antes si necesita tratamiento manual o hay que derivar a otro/a especialista. Recomendamos que esta valoración se haga lo antes posible, preferiblemente antes de llegar a los 3 meses.

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Reflujo gastroesofágico.

Que tu bebé dé “bocanadas” justo al tumbarlo tras comer es normal. Pero si lo hace constantemente, lo cambies o no de posición, justo después o al tiempo de haber comido, en grandes cantidades, que salga a propulsión, o incluso con la leche cortada (huele a ácido y tiene textura como de yogur), NO ES NORMAL. Puede tratarse de Reflujo gastroesofágico, una patología común y que puede llegar a ser severa si no se trata a tiempo o se desconoce su origen, ya que éste puede ser diverso (anquiloglosia, inflamación abdominal, hipotonía o atrofia del cardias, problema de succión/agarre, etc.).

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Cólico del lactante / Meteorismo / Disquecia.

¿Sabías que la gran mayoría de los llamados “cólicos de lactante” en realidad no lo son? Este “cajón de sastre” de todo aquel llanto inespecífico y malestar que afecta a bebés de entre 0 y 4 meses, suele ser el final de una cadena de disfunciones que afectan al cráneo, la lengua y el sistema digestivo de tu bebé.

Tras una anamnesis exhaustiva y de una valoración de inervación, funcionalidad muscular, succión/agarre y lengua, vemos que hasta llegar a ese molesto “cólico” o a esos “gases” o a esa “disquecia” muchas otras cosas pueden estar fallando: lactancia, estrés en la diada madre-bebé tras parto traumático y/o de alta intervención, contacto insuficiente…

Gracias a la amplia formación de Virginia Hidalgo en Osteopatía pediátrica, lactancia, porteo y anquiloglosia, podemos solucionar estas disfunciones y hacer que mejore o derivar en caso de necesitar otro tipo de intervención (pediatra, nutricionista, asesora de lactancia, médico digestivo…)

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Valoración de Reflejos primitivos: (junto con Encarni Gómez)

El/la bebé cuando nace viene dotado/a de una serie de movimientos automáticos diseñados para asegurarle la supervivencia en el nuevo entorno. Estos movimientos son los reflejos primitivos y le ayudan, por ejemplo, a avanzar por el canal del parto, tomar aire y romper a llorar, agarrarse, succionar, etc. No obstante, los reflejos primitivos deben tener una vida limitada y cuando han cumplido su misión, deben inhibirse o integrarse en los llamados reflejos posturales (adquisición de una habilidad), esto debe suceder antes de los 12 meses de edad a mucho tardar. Si los reflejos quedan activos, generalmente porque la/el bebé se ha saltado alguna fase del desarrollo o ha tenido algún obstáculo (falta de tiempo en suelo, órtesis, hospitalización…) impedirán el desarrollo óptimo del niño o de la niña para interactuar eficazmente con el entorno.

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Revisiones del desarrollo psicomotor (junto con Mónica Luque y Encarni Gómez)

A lo largo de los primeros 3 años de vida, podemos valorar en las ventanas de desarrollo, crisis relacionadas con la lactancia y las regresiones del sueño, nutrición, ritmo intestinal y visión, para ver si su desarrollo global está siendo el adecuado, si necesita tratamiento o derivación a otro/a especialista.

¿Qué síntomas causan los reflejos primitivos activos? 

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Falta de atención o concentración.

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Problemas para permanecer sentada o sentado.

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Hipersensibilidad a la luz, tacto o sonidos.

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Malas posturas, marcha “de puntillas”.

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Torpeza, descoordinación, falta de equilibrio, mareo constante.

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Problemas para coger o dar patadas a un balón.

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Problemas para abrochar botones, hacer lazada de los cordones, abrir bricks....

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Problemas para coger el lápiz y mala grafía.

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Problemas para leer o deletrear.

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Palabras entrecortadas, tartamudeo.

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Desbordes emocionales constantes: se enfada fácilmente, muerde o pega si se emociona...

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Introversión, apatía, excesiva timidez.

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Hiperactividad e impulsividad.

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Problemas para controlar esfínteres, sobre todo por la noche.

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El cerebro merece una segunda oportunidad.

Si tu hijo/a tiene alguno o varios síntomas de los mencionados anteriormente, ponte en contacto con nosotras, evaluaremos su estado de reflejos primitivos. Además, se observarán las habilidades físicas, motoras, conductuales, las destrezas a la hora de hablar, de comunicarse y de moverse, junto con la evaluación a nivel visual y osteopático. Atendiendo a las necesidades del niño o la niña, se creará un programa específico para la integración de estos reflejos.

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